Llegó el Desquite
Hay veces en que decisiones aparentemente intrascendentes como salir del cine y parar en el Hut para comprarte un perrito y comértelo de camino a casa en vez de irte directo te cambian los planes nocturnos por completo (ir al concierto de Nadadora en el Playa y a la sesión posterior de Guille en la Nordic). Si no lo hubiera hecho no me habría visto Bea y su amigo que salían de A Nova Pataca y no me iría a tomar algo con ellos. Pero evidentemente sucedió. Una inocente parada en el Bombilla fue el preludio de una larga noche de animadas conversaciones sociopolíticas con una amiga y un catalán residente en Madrid que nos llevarían a tomar unas cañas en O Alfaiate, una mezcla explosiva de caña, carajillo y cacahuetes el Abobar (look nocturno muy diferente al diurno) y un chai en el Art-Té (local nuevo y sugerente a incluir en el boom de las teterías).
Con una bola creándose en el estómago y bajo la lluvia nos retirábamos a casa cuando me percaté de un sms de Alex enviado casi una hora antes que me aconsejaba acercarme al Desquite para ver a una antigua ninfa. Le llamé pero no me contestó, aunque fuimos igual pero ya no estaban ni él ni aquella que nos hizo suspirar.
Había estado otras veces por la tarde en el Desquite pero desde que lo pillaron Juan y su trouppe no había vuelto. Resultó una experiencia enriquecedora que me devolvió a tiempos más festeros. Fue asomar la cabeza y comenzar a sentir que la música volvía a recorrer mi cuerpo y las ganas de bailar se disparaban. Encuentros insospechados se sucedieron desde ver a Mimi bailando subida a una mesa hasta ver a la taquillera del cine del Forum por primera vez fuera de contexto con sonrisa mutua o la alegría de Sara al verme salir un día después de que ella me animara. Éstos intentaban sacar fuerzas y yo me encontraba en pleno subidón de adrenalina. Entonces apareció Iván con más gente, entre ellos estaba Alba conocida de vista y oído e integrante de un clan familiar que conjuga talento y belleza (quizás me he pasado pero me quedó bonito). Me siento en tierra de nadie, en medio de un puente cuyos extremos me reclaman. Dejo que la situación se resuelva por si sola; Bea y su amigo se van y me quedo con el grupo de Iván y Alba. Los hits comienzan a agitar mi cuerpo, acepto los pitillos buscados por Iván y me dejo llevar. Aparco las palabras, priman los gestos: alguna mirada furtiva, bocanadas de humo y tragos de cerveza. Pasadas las cinco, cierran el local, la noche se acaba, mi cuerpo camina hacia casa satisfecho por los reencuentros y descubrimientos mientras escucho las confesiones de un amigo al que le espera un largo paseo para un rápido sueño por tener que jugar un partido de fútbol unas horas después.
Con una bola creándose en el estómago y bajo la lluvia nos retirábamos a casa cuando me percaté de un sms de Alex enviado casi una hora antes que me aconsejaba acercarme al Desquite para ver a una antigua ninfa. Le llamé pero no me contestó, aunque fuimos igual pero ya no estaban ni él ni aquella que nos hizo suspirar.
Había estado otras veces por la tarde en el Desquite pero desde que lo pillaron Juan y su trouppe no había vuelto. Resultó una experiencia enriquecedora que me devolvió a tiempos más festeros. Fue asomar la cabeza y comenzar a sentir que la música volvía a recorrer mi cuerpo y las ganas de bailar se disparaban. Encuentros insospechados se sucedieron desde ver a Mimi bailando subida a una mesa hasta ver a la taquillera del cine del Forum por primera vez fuera de contexto con sonrisa mutua o la alegría de Sara al verme salir un día después de que ella me animara. Éstos intentaban sacar fuerzas y yo me encontraba en pleno subidón de adrenalina. Entonces apareció Iván con más gente, entre ellos estaba Alba conocida de vista y oído e integrante de un clan familiar que conjuga talento y belleza (quizás me he pasado pero me quedó bonito). Me siento en tierra de nadie, en medio de un puente cuyos extremos me reclaman. Dejo que la situación se resuelva por si sola; Bea y su amigo se van y me quedo con el grupo de Iván y Alba. Los hits comienzan a agitar mi cuerpo, acepto los pitillos buscados por Iván y me dejo llevar. Aparco las palabras, priman los gestos: alguna mirada furtiva, bocanadas de humo y tragos de cerveza. Pasadas las cinco, cierran el local, la noche se acaba, mi cuerpo camina hacia casa satisfecho por los reencuentros y descubrimientos mientras escucho las confesiones de un amigo al que le espera un largo paseo para un rápido sueño por tener que jugar un partido de fútbol unas horas después.
Pue nada, que ahora fumas?, bonito texto este...
Posted by
Anónimo |
4:41 p. m.